“Hola: soy joven, estoy cesante, me encuentro embarazada y deseo trabajar para Ud. ¿Me contrata?”

Foto JuanPor Juan Vergara*

El Juez Laboral de Valdivia, don Fernando León Ramírez, dejó sin efecto las multas que la Inspección del Trabajo cursó a la Corporación Municipal de Panguipulli por haber despedido a una trabajadora embarazada al vencerse el plazo por el cual había sido contratada como profesora “reemplazante” de una titular.

Del razonamiento expresado por el Juez se concluye que, a su juicio, el fuero maternal sólo sería oponible a la empresa si el estado de gravidez se hubiera gestado durante la relación laboral y, en caso de haber ocurrido antes de ésta, entonces habría que distinguir si, al momento de su contratación:

  1. El embarazo era tan reciente que ni siquiera la trabajadora conocía o tenía certeza sobre él.
  2. La trabajadora sabía que estaba embarazada y lo comunicó;
  3. La trabajadora sabía que estaba embarazada y no lo comunicó pero, como su estado de gravidez era evidente, la empresa pudo percatarse de él;
  4. La trabajadora sabía que estaba embarazada y no lo comunicó pero, como su estado de gravidez no era evidente, la empresa no pudo percatarse de él;

A juicio del Juez, el fuero de la trabajadora sólo sería oponible a la empresa en los casos Nº 1, 2 y 3, debido “al principio de buena fe que inspira las relaciones laborales”.

Sin eufemismos jurídicos, lo que el Juez dice es que si una mujer va a “pedir pega” sabiendo o debiendo saber que estaba embarazada, debe informar sobre su condición, y si no lo hace, y además su estado de gravidez no es lo suficientemente “evidente” como para que quien la entrevista se de cuenta de su condición, entonces no ha obrado de buena fe y se le sanciona con la inoponibilidad del fuero por lo que puede ser despedida una vez que venza el plazo de la contratación. En términos más simples, la Ley no ampara a la mujer que “se aprovecha” del empleador que le da trabajo, ocultándole su embarazo.

De esta manera, en el caso en cuestión, el Juez Laboral de Valdivia estableció que el fuero de la trabajadora no era oponible a la empresa porque, al momento de contratarla, aquélla tenía poco más de 3 meses de embarazo, condición que no informó pero que -curiosamente- tampoco era “evidente” para su empleadora(!).

Obviamente, la Inspección del Trabajo solicitó la nulidad de la Sentencia, pero la Ilustrísima Corte de Apelaciones de Valdivia sólo empeoró las cosas. En efecto, la Corte piensa que las alegaciones en favor de la protección de la maternidad son más o menos “atendibles” según el tipo de contrato de trabajo de que se trate. Y, como en  este caso el contrato era de reemplazo, a plazo fijo y determinado por el retorno a sus funciones de su titular (duraba 2 meses y 22 días, en principio, hasta que la titular del cargo volviera de su descanso prenatal), resulta que los argumentos eran menos “atendibles”.

¿Cómo es posible que la Corte distinga entre los tipos de contratos, si la Ley no lo establece? La Corte utiliza dos argumentos que considera “complementarios”:

Por una parte, reafirma que la trabajadora tenía la obligación legal (aunque no expresa) de informar que estaba embarazada y, al no haberlo hecho, su fuero maternal le es inoponible a la empresa porque de otro modo validaría que la trabajadora se “lucrara” a costa de ésta.

Y, por otra, saca a relucir sus mejores dotes de socióloga y economista para concluir que “el costo de contratar una embarazada para un período fijo para una suplencia es tan alto que con toda seguridad desincentivará la contratación de mujeres en edad fértil en general y de embarazadas en particular, y alentará la búsqueda de mecanismos que permitan evitar incurrir en él”; y que es el Estado (“la sociedad toda”, dice eufemísticamente) quien, en principio, debe hacerse cargo de la protección de la maternidad, por lo que sería injusto que una sentencia judicial externalice dicho “costo” en el empresariado.

Lo que en realidad quiere decir la Corte son dos cosas: primero, que no está de acuerdo con que la Ley haya dotado de fuero maternal a las trabajadoras madres que están contratadas a plazo, por lo que se arroga la facultad de disponer lo contrario; y segundo, que no merecen amparo legal las mujeres que,  para evitar que las discriminen,  omiten informar su estado de gravidez cuando postulan a un trabajo, sin importar si el contrato de trabajo es a plazo fijo o indefinido.

En definitiva, esta joven mujer que solicitó la protección de la Inspección del Trabajo quedó tan cesante como al comienzo, pero al menos ya sabe lo que debió haber dicho: “Hola, soy joven, estoy cesante, me encuentro embarazada  y deseo trabajar para Ud. ¿Me contrata?”

VEA ESTA SENTENCIA

*Juan Vergara es uno de los fundadores de nuestra Escuela Sindical.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Please copy the string AMYDLM to the field below: